Un grupo pequeño y sin poder

La noche caprichosa se detiene y avanza al ritmo de su propio compás. El viento le explica a Apis que esto lo hace después de una muerte humana y que solo lo notan los que ven las vestiduras que regala la muerte. Desde un rincón estratégico Apis siente el vaivén de luces y sombras, pero no logra distinguir esas vestiduras. Intenta concentrarse para seguir con su observación.

Noche caprichosa

Las ondas de sonidos también la atormentan. Aunque ella no es obrera, siente la imperiosa necesidad de batir sus alas. Con gran esfuerzo pone a prueba una de sus nuevas habilidades, se concentra y puede dominar el impulso de sacudir sus alas para emitir el zumbido de alarma. Se alivia al controlar el efecto que las ondas y pequeñas radiaciones de radiofrecuencia le causan. Además de ser una sensación desagradable, no quiere despertar a sus compañeras de colmena. Esa alarma no es un buen mensaje, es señal de perturbación grave, anuncia el abandono de la colmena por lo que saldrían despavoridas. Recuperarse luego tiene un costo muy alto.

Se da cuenta de que ese sonido sale de unas cajas rectangulares que los humanos miran mientras las sostienen entre sus manos. De allí se emiten las señales. ¿Se comunican a través de esas ondas? No logró descifrarlo, cada uno con una postura y gesto diferente, no hubo un patrón que indicara que se comunicaban entre ellos. Además muchos emiten sonidos de baja frecuencia con sus bocas, pero al unísono y diferente al sonido de las ondas. La angustia de Apis aumentó al pensar que no todas sus compañeras pueden desviar esas ondas que emiten las cajas rectangulares.

—¿Será por estos sonidos que los míos abandonan sus hogares? —pregunta al viento

—No lo sé, pero puede ser uno de los factores…

—Debo apresurarme a encontrar respuestas, la extinción de los míos es un problema grave.

—Recuerda que Anier es una buena aliada…

Apis toma distancia

Apis le hace caso al viento, toma distancia y duplica sus esfuerzos. Al poco tiempo de estar centrada en el pensamiento de Anier, también logra ver un estallido de luz blanca que rompe las líneas y figuras del lugar. Nadie más parece notarlo. Luego esa luz obliga Anier a cerrar los ojos y con el gesto, absorbió la luz blanca que sólo quedó en su mente. Los sonidos se aplacaron y la mente de Anier se abrió en otras direcciones.

Atraviesan un inexplicable camino. Durante ese viaje tan extraño, Apis encuentra en Anier a una buena aliada para comprender a esos humanos cuyo lenguaje no puede decodificar y Anier intuye que estos viajes representan una buena herramienta para develar acontecimientos que para ella, aún no tienen explicación. Aunque le resulta penoso volver al pasado, acepta ser su intérprete. Las dos se enfrentan a un laberinto lleno de recuerdos. Apis la guía, de un salto a otro, de su propio recuerdo al recuerdo de otra persona. Así continúan un buen rato hasta que Apis encuentra un recuerdo, en donde otros humanos hablan sobre el problema actual de las abejas.

Se detienen a escucharlos, pero Anier no puede continuar con la conexión y abre los ojos. El ambiente está lleno de retórica y sobresaltos. Ya no está el blanco brillante sino la complicidad de la noche con sus penumbras. Al recuperarse, supo que había pasado poco tiempo desde que la creyeran dormida hasta el momento de abrir los ojos. La inesperada visita de la muerte le dio a Apis el don para comunicarse y quitar los hilos que distorsionan el entendimiento de Anier, el tiempo para ambas es otro.

Apis vuela para contar a los suyos sus descubrimientos. Al llegar a la colmena pide hablar con la reina y en privado le informa que contactó con unos humanos que están preocupados por el desorden que sufren algunas abejas adultas y por el colapso de las colonias. Le aseguró que ese grupo trabaja para descubrir si es el virus «Nosema ceranae» (o algo así) quien causa el problema, también hablaron de otros factores.

Pide hablar con la reina

—Hay algo sobre «pesticidas en las cosechas» No lo comprendí y no pude quedarme para aclararlo, el tiempo de mi nueva comunicación se terminó. Lo último que escuché fue: “Si las abejas desaparecieran, a la humanidad sólo le quedarían cuatro años de vida” pero no parecía preocupado. —Con esto Apis terminó su reporte. La reina tenía preguntas, esas palabras ya las conocía desde otros tiempos. Le resultó inquietante que aún con estos conocimientos la humanidad esté tan impasible sobre los problemas de los suyos.

—Entonces, ¿entienden que nos necesitamos para sobrevivir? —pregunta la reina.

—Al parecer un grupo pequeño y sin poder, sí. No podemos olvidar que hay humanos deseosos de controlar a todas las especies, incluida la nuestra. No creo que estén dispuestos a cooperar.

La abeja reina y Apis permanecen solas un largo rato, conversan en privado. Apis se comprometió a continuar con la investigación, la reina la dejó marchar. Ahora está inmersa en una aventura que no tiene vuelta atrás y su vida nunca será la misma. 

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s