Ojos palpitantes

Al entrar al recinto descubrió una habitación llena de extrañas flores con sus colores alterados y sin ningún olor conocido. «Simplemente están puestas en círculos y crean otras formas que no reconozco» Se dijo a sí misma. Observó el salón: Anier sentada con todas sus hijas, algunas personas organizan de manera convulsiva los objetos del lugar, Onagnaz sólo está presente con su cuerpo y la muerte no aparece por ningún rincón.

Apis entra al recinto

—En esta noche tan oscura, el lugar tiene muchas luces. Hay seres tumbados en cajones rectangulares que tienen puestos el traje especial que le otorga la muerte y a sus acompañantes se les notan vulnerables y confusos. El cuerpo de Onagnaz está con ellos, pero la muerte no. Seguro está en otro lugar ocupada con su juego —dijo Apis al viento mientras deambula en un reconocimiento general del espacio.

A la espera el momento oportuno para hablar con Anier continúa observando el extraño ritual en el que están inmersos los presentes. Le llamó la atención los ojos palpitantes de una joven: Uno, el derecho, hace un movimiento continuo, un latido que Apis interpretó como un ritmo en código deseoso de expresarse. «¿Qué observa esa humana que sus ojos no pueden soportar mirar? ¿Podré hablar con ella?» Con este pensamiento y la temeridad de su propia juventud se avalancha sobre Lucía.

La joven se asusta al sentir una amenaza volando muy cerca de su rostro, y con su ojo derecho latiendo cada vez más acelerado, empieza a dar manotazos para alejar a Apis de su cuerpo. Sin comprender su actitud Apis insiste «¿cómo hablaremos, sino me acerco?» le dice al viento mientras, de nuevo, intenta acceder al rostro. La joven se siente muy nerviosa al percatarse que la abeja le sigue, sus familiares le señalan otros sitios para sentarse y alejarse del «bicho» y ella se mueve de silla y de lugar.

Luego de un fuerte manotazo, que desestabilizó su vuelo, Apis desistió en su intento. El viento la anima a experimentar otras formas para comunicarse, le surgiere que use el cuerpo.

—No puedo usar la danza, como hago con mis semejantes, ella indica la fuente de alimento, su distancia y la orientación del sol y eso no tiene sentido con esta humana… ——Le responde al viento.

—Recuerda que fuiste elegida antes de tu nacimiento y la muerte te potenció las habilidades —le susurró el viento. La suave brisa que emitió le hizo recordar a Apis que fue criada como una abeja reina, en posición vertical, alimentada con jalea real. Por eso su celda fue de mayor tamaño. Cuando salió de allí cabeza abajo emitió aquel sonido que no fue un llamado para batallar por el puesto de reina, ahora sabe que su batalla es otra. Usaría su habilidades de reina, su capacidad para comunicarse, para comprender el comportamiento de otros seres, pero ¿Cómo? preguntó en voz alta.

—Los ojos de los humanos son el espejo de su alma —respondió el viento. — O eso es lo que creyeron por mucho tiempo… mira en lo más profundo y podrás hacer como yo y estar en diferentes lugares, en distintos tiempos…

—¿Y si me pierdo en el camino? —preguntó Apis confusa.

El viento la animó a experimentar, prometió acompañarla. Ella mantuvo una distancia prudente y miró a los ojos de esa joven con una profundidad que no había experimentado hasta ahora. Logró entrar en los pensamientos de ella. Escuchó una voz que evidentemente no era la de la joven:

— Pero si sientes miedo incluso mientras duermes, aquí solo está la familia! Relájate! —Le grita esa voz a Lucía. Pasado un rato el fantasma se percata de la presencia de Apis e interrumpe su monólogo para saludarla con cortesía. Intercambian información: Él explica que su función es guiar a la joven a que supere sus temores y Apis confiesa que ha llegado allí guiada por el viento, su mentor en esta misión. La conversación es interrumpida por el fantasma que se ve obligado a gritar: «Lucía calma!» «Solo déjate llevar, relájate!» Cuando Apis quiso retomar su diálogo el temor de la joven fue tan intenso que alcanzó a estremecerla también y abrumada quiere despedirse, pero no sabe cómo salir.

—Solo deja de mirarla. — Susurra el viento, quien acude al rescate.

Luego de un pequeño descanso de la experiencia, el viento le propone que dé un paso más allá en sus habilidades potenciadas. Le pide que intente mantener una conversación con Anier de la misma forma (a través de sus pensamientos) pero lejos de su mirada. Apis se intriga, desea saber si esto es posible. Se dispone a conectar con Anier.

Sumergida en un silencio a oídos de los presentes, en la mente de Anier hay una explosión de voces ensordecedoras que divagan, crean una atmósfera estridente.

Apis, como el Viento, puede estar en diferentes lugares

Apis sigue las secuencias de esas voces. Descubre que hay más de uno entre los humanos obsesionado con el deseo de controlar la vida de los otros y para su alivio constata que puede confiar en Anier, aunque por instantes la voz de ella se le pierde. Le asalta una duda y le pregunta al viento ¿Sólo puedo confiar en ella? ¿O hay alguien más en quien pueda confiar…?

— Eso es algo que tú misma debes descubrir —responde el viento.

3 comentarios

  1. Hola Rosa
    La artificialidad de las flores muertas con los colores alterados y sin olor, la vibración del movimiento de los ojos -casi como el movimiento de una abeja-, el baile/vaivén entre viento y Apis con su diálogo… Vaya imágenes e ideas. Todo se vuelve favorable al entendimiento y la comunicación, ¿o no? Ya contarás
    Un abrazo 🙂

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  2. Miguel me alegra te guste el mundo de Apis, ella tiene “sobre sus alas” una gran responsabilidad🐝 y en las próximas narraciones descubre cosas sobre los humanos (espero que nosotros sobre ella y los suyos). Un abrazo 🐾

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