4c Ojos rebosantes. El expulsado

Ojos rebosantes

La alegría de verse por fin la podían manifestar sin tapujos, están solos. El cálido abrazo de Bram hizo saber a Saturnino Segundo que no está nervioso sino más bien relajado, a gusto, algo hambriento, deseoso de hablar y con ganas de escuchar sobre el día de Aarrnino, como acostumbra llamarlo.

Solos en la habitación Saturnino Segundo le habló de la escena durante el café de la mañana: «estaban con las criticas hacia a uno por un informe y saltaron que me faltaba una novia… porque y que ¡no se vestirme! qué tontería»

Saturnino Segundo habla sobre su día en el trabajo. Habitación del hostal en desorden. El libro Malas decisiones en el suelo. Música desde el teléfono.
Ojos rebosantes

Le habló sobre el extraño comentario de Víctor: «Cuando te des cuenta que todos necesitamos ayuda y estés preparado para enfrentar tus miedos, búscame. Sabré escucharte» dijo Saturnino Segundo entre risas y una imitación exagerada del tono grueso de la voz de Víctor. Aarrnino también hizo alusión al interés de Anier «como si le importara.» Al decir esas palabras se le escapó una carcajada.

Contó más cosas sobre su jornada: «Transcurre con más pena que gloria, querido Bram. Prudencia» fue lo que dijeron las barajas le recordó Saturnino Segundo.

Bram utilizó ese lenguaje cargado de sensualidad, que solo ellos dos entienden, para hablar con Saturnino Segundo. Aarrnino interpretó estos gestos como un mensaje de confianza.

—Confiar más en los propios criterios… ¡Esa es la precaución! —dijo Saturnino Segundo emocionado por la conclusión. —Tienes razón Bram, lo de hoy fue muy sospechoso.

Luego vino una larga reflexión, con teorías varias sobre la prudencia, la responsabilidad personal, que le llevó a la conclusión que no era necesario tomar una decisión de inmediato. «Mis padres están al tanto de que no puedo asumir gastos extra» continuó Saturnino Segundo ante un Bram que empezó a cansarse de tanta charla. «Sí, sí nos echaron, pero ya sabes cómo se ponen… hablan pero no es en serio, además podemos llegar a un acuerdo amistoso con los de esa casa, al fin y al cabo son mis padres, podemos volver a intentarlo. O podemos buscar algo para nosotros». A la última frases le siguieron los proyectos: Un piso pequeño, cómodo, con grandes ventanas pidió Bram y cercano al trabajo remató Aarrnino… Así, entre fantasía y fantasía se quedaron en silencio.

Aunque no habían pasado los tres días que marca el ritual para saber si se cumpliría o no la última petición, Saturnino Segundo decidió hacer una nueva. Escribió como pudo esos deseos sobre varias hojas de salvia. Sintió que esta vez debía concretar más, ser específico y esperar. Una vez escritas puso algunas hojas debajo de su almohada, otras irían a la almohada de Bram.

La visión de una abeja a través de la ventana lo confundió: «seguro que este animalito me sigue. Eso o los problemas ya me agobian» se dijo para sí mismo Saturnino Segundo antes de abrir la app del burger en el teléfono móvil. Era la hora de la cena.

Sobre la mesa comida rápida, refresco y libros , entre ellos Malas decisiones. Extendidas las barajas españolas,
Lectura barajas

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La taberna donde el dinero es camarero

En notiblog Rboschetti y los Relatos cortos

Mientras veía las noticias por la TV del hostal, que por los momentos era su nueva residencia, decidió tomarle la palabra a Bram. Su fidelidad era incuestionable, lo había acompañado sin rechistar en todos los cambios de domicilio y en sus múltiples viajes. Lograba sentirse cómodo allá donde fuere, sin generar otros problemas, incluso en casos como estos en los que no podía salir.

Por lo que Aarrnino inicia la búsqueda con su viejo, pero eficiente smartphone. «Alquileres impagables» pensó. Un poco desesperado y en vista de que Bram ya se había quedado dormido, decide salir. Deja el televisor encendido para que, de despertarse, entienda que volverá pronto.

Al ver lo hermoso que es Bram una sensación de bienestar recorrió su cuerpo. Bram le daba un propósito. Sus pensamientos viajaron al pasado, se detuvieron en aquel día en que la preocupación lo desbordó. «¿Será el mismo después de esto?»; «¿se dará cuenta?; «¿volverá a tener sexo el pobrecito?»; «¿le habré arruinado la vida? ojalá lo entienda y me perdone»; «no me salió nada malo en las barajas, pero… ¿y si se muere?» eran las aflicciones que lo abrumaron aquel de sábado que llevó a Bram a la clínica veterinaria.

Lo cierto es que para la tarde de ese mismo día ya estaba recuperado y atormentaba a la madre de Saturnino Segundo, acechó aquel hilo azul con su mirada fija en los movimientos de las agujas de tejer, antes de que ésta le recordara que su lugar era el patio o la calle.

Detalle que resalta el retrato familiar. Gato negro (Bram) al acecho del hilo azul. Madre de Saturnino Segundo teje. Escena en el salón de la casa de los padres
Acecho del hilo azul (detalle)

Listo para una cena ligera, deseoso de salir a ver a sus amistades, de comentar la experiencia tan extraña que había tenido. Lo cierto es que no había cambiado su carácter, ni su conducta, sólo experimentó un «ligero aumento de peso» «que pudo ser por el crecimiento» se excusaba Saturnino Segundo cada vez que le hacían referencia al tema. Estos fueron sus pensamientos mientras bajaba los diez pisos hasta llegar al bar del hostal.

Cerveza en la barra del bar del hostal
Barra del bar

Instalado en la barra pregunta con discreción a quien le servía una cerveza: «Por casualidad sabes de algún alquiler económico, que esté cerca de aquí»

—¿Alguien sabe de algún alquiler? Económico, que esté cerca de aquí —repite el joven en voz alta para que todos pudieran escuchar.

—¿Y eso, piensas independizarte? —preguntó el dueño del hostal.

—No, no es para mí, es para éste —dice y señaló a Saturnino Segundo quien siente cómo las miradas se dirigen hacia él.

—Si me entero te aviso…

—Eso está difícil…

—Ya no se consiguen…

Fue lo que escuchó decir a las pocas personas que estaban en el bar, luego surge una amena conversación sobre el alto costo de la vida, «lo bueno que eran las cosas antes» versus «lo difícil que son ahora»

—¿Buscas algo para ti y tu amigo o hay alguien más? —preguntó el dueño del hostal a Saturnino Segundo, quien responde con un simple «Sólo nosotros», pero que es suficiente para que se inicie una conversación más privada entre ellos. Saturnino Segundo habla del trabajo, de lo que hace y sobre todo con quién y tal vez exageró un poco en su relación con Victor.

El hostal queda cerca de un centro donde EMCU tiene buenas relaciones, por lo que el dueño conoce y sabe lo que hacen Víctor y Daniel. Pensó que era la oportunidad de convertir su bar en el sitio para las tertulias. Saturnino Segundo intuyó algo sobre las intenciones de su interlocutor. Se dejó llevar por las cervezas invitadas y a pesar de que era un hostal de mala muerte, el ambiente y la compañía eran agradables.

Cervezas invitadas
Cervezas invitadas

Saturnino Segundo regresó a la habitación en la madrugada. Bram sólo había cambiado de postura, ni siquiera entreabrió los ojos al escucharlo llegar un poco bebido.

Al día siguiente, al despertarse, se dieron cuenta de que…

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