7 y 9 b. Dejadme complaceros y La autoridad primaveral. El expulsado

La autoridad primaveral, nos manda gozar

El trayecto se hizo eterno. Para distraerse un poco Saturnino Segundo volvió a sacar su móvil y abrió su blog preferido. Lo primero que leyó fue:

Le parece una ironía y sonríe. Al llegar a la parada, repasa la lista de la compra mientras camina las diez calles de rigor que lo llevan a su casa. Se detiene en el automercado. Además de los artículos de aseo personal, el pienso de Bram y alguna que otra cosa, compra lo necesario para la reunión de esa noche. Cargado con varias bolsas entra en el herbolario, debe reponer las plantas para la inevitable limpieza de energía.

En la fila de la caja, antes de pagar, la sensación de hacer las cosas mal toma de nuevo la batuta. No puede evitar pensar: «Cada vez es más difícil darle la mensualidad a mis padres. El dinero no me alcanza, es cierto que no pago alquiler… por cierto tengo que recordarle otra vez a Daniel que me cobre algo, así sea simbólico… que no piense que me olvido que es su casa… ya se lo diré… de paso le doy las copias de las facturas de este mes… ya las he pagado… con tantos gastos del día a día, la luz, el préstamo, el agua, condominio y ahora… ¡Estas reuniones…! En ellas los gastos no se limitan a la comida, el picoteo, las bebidas… también están los artículos de limpieza, de aseo personal, de cocina… Mis compañeros parecen no saber esto. En las ocasiones en que alguien trae algo, resulta que es licor y la entregan con una sonrisa que se supone significa: “Mi colaboración” . Claro que cualquier cosa se agradece, pero ¿por qué no se les ocurre traer comida (un pollo, por ejemplo) o papel de baño, o jabón para las manos…? ¡En fin…!. Eso también se gasta y el dinero no crece en los árboles ».

Una ráfaga de tristeza lo cubrió, sacudió la cabeza y sus pensamientos dieron un giro: «Este mes le doy a mis padres la mitad del dinero, tendrán que conformarse y entender que hago mi vida. Por otro lado, me tengo que centrar: ¡Estas reuniones son una inversión!. Si no hago buenas relaciones con los jefes ¿Cómo voy a lograr el ascenso?». Sus ideas se evaporan al ver la cara de la cajera que espera le pague.

Continúa el camino lo más rápido que puede, las bolsas están pesadas. Al entrar deja todo en la cocina, se sienta en el sofá para descansar un poco. Saluda a Bram quien se instala a su lado y le habla con el idioma del corazón. Saturnino Segundo, después de un largo rato de intensos ronroneos, comprende que esas reuniones son un suplicio para él. Hacen un pacto para que, a partir de este momento, esas visitas no lo molesten. Bram se siente satisfecho. Logró que Aarrnino haga balance sobre su fiel y larga relación, no sin tener que dar uno que otro golpe de garra para obligarlo a prestar más atención. Agradece que sus pertenencias las guarde en la habitación, que la puerta esté abierta, lo justo para que él pueda entrar y salir con facilidad. Da así un claro mensaje de «no entrar» a los humanos.

Saturnino Segundo puso un paquete grande de papel, un envase gigante de jabón de manos y varias toallas en el baño. Luego fue a la cocina: colocó paños limpios por diferentes lugares, rollos de papel, detergente, platos, vasos de cartón y alguna que otra copa y vaso de vidrio. Se sentó a descansar y pensó que alguien puede abrir las gavetas, tan solo por fastidiar. Fue a la habitación, revisó todas las gavetas, las arregló y sacó algunos papeles. Aunque sabe que a sus compañeros el proyecto les importa poco, decidió guardar bajo llave los documentos de su investigación, además de otros de tipo personal: los certificados de vacuna de Bram, sus controles, pasaporte y por supuesto, el pasaporte de él.

Volvió a la sala, mientras espera la llegada de los compañeros elabora pequeños carteles y los planta en cada una de sus macetas: No soy un cenicero. Soy ruda… Soy menta… Soy tomillo… Soy aloe-vera… manzanilla… No tocar que son de Bram… Al terminar guardó los materiales y contempló el salón satisfecho. Con estos preparativos Saturnino Segundo está listo para afrontar el maratón de la serie que verán este fin de semana en su casa, lo que implica una visita más prolongada de lo habitual.

Piso de Daniel en orden Antes de la reunión
Autoridad primaveral

Caminan en círculos, tropiezan con sus propios pies, así llegan los compañeros, uno a uno, como densas gotas. Sus voces chillonas invaden el espacio. Algunos dicen: “Mi aportación” y pasan directo a la cocina, dejan la bolsa en la encimera, se comen los aperitivos. Otro, mientras se lame el dedo lleno de salsa, pregunta por Bram. Se arma un pequeño desorden, lo buscan, pero no lo encuentran. Él está expectante, oculto en la habitación. Saturnino Segundo interrumpe la escena: en voz alta da una explicación rimbombante sobre la necesidad que tienen los gatos de desaparecer por algún tiempo… Por suerte la llegada de Víctor y Daniel interrumpe el incómodo momento.

Alguien dice conocer muy bien a los gatos y habla sobre las cosas extrañas que éstos hacen. Cuenta anécdotas que afirma están basadas en hechos reales sobre sus costumbres, con énfasis en afirmaciones banales. Saturnino Segundo aprovecha estos relatos para desviar la atención sobre Bram y lo enlaza con otros temas. Los presentes, y los que llegan, escuchan sin prestar atención y hacen gestos de aprobación a cada una de sus palabras. Algunos esbozan una sonrisa, al darse cuenta de los letreros en las plantas.

Para alivio de Saturnino Segundo pronto el entusiasmo por compartir comida rápida, cerveza, aperitivos y muchos capítulos de entretenimiento, hace que las preguntas sobre Bram y sus costumbres lleguen a su fin. Comienzan hablar sobre la importancia de la serie: «Es un tema para reflexionar» se repiten unos a otros. Víctor y Daniel comparten miradas de complicidad que Molina empezó a envidiar, se entienden sólo con que coincidan sus pupilas. «Ni con Bram he tenido tanta conexión» pensó. Víctor le susurró: «Molina. Presta atención que esto servirá como excusa para las tertulias sobre otros temas más interesantes». Sintió vergüenza, ¡Lo habían descubierto! Daniel mostró una amplia sonrisa que se borró al ver a Bram, quien no pudo resistir hacer una salida de reconocimiento por el salón.

Los dos se quedan inmóviles, la observación es mutua. Se hablan a distancia, con los ojos y sin rodeos, con ese lenguaje que se da entre gatos y algunos humanos. En esos minutos las sospechas de Bram quedan ratificadas: “Estos humanos no son de fiar”. Por otro lado, Daniel comprende que Bram es el responsable de que Molina no se entregue por completo al grupo.

Sustituye la soledad. Reunión social en el piso de Daniel.
Sustituye la soledad

—¿Molina, sustituyes la soledad con gatos? —Preguntó Daniel en voz alta. —Hay estudios… la Universidad de Viena si no me equivoco… que demuestra que estos felinos entienden nuestras necesidades de afecto, incluso llegan a manipularnos si no correspondemos a las suyas… Ayudemos a Saturnino a encontrar novia antes de que éste lo esclavice del todo. —dice al señalar a Bram, que mueve su cola de regreso a la habitación.

Esto desbordó el ambiente: «De Eleanor Abernathy ya tienes el gusto por el alcohol…»; «pero la carrera tendrá que ser de éxito…»; «seguro que eso de las plantas es cosa del gato…». Las risas no dejan ver la serie ni escuchar a los actores. Por encima del alboroto, se alza la voz de Daniel: «Más le valdría a Molina seguir enamorado de Anier». El comentario propicia murmullos de asombro y deja muy sorprendido a Saturnino Segundo. «¿Cómo se ha enterado de ese romance tan lejano?; ¿Cuánto saben sobre mí?». Se pregunta a sí mismo, incómodo y sin saber qué hacer.

Saturnino Segundo no desea que la burla continúe. Con aparente seguridad, dice: «¿Quién es mejor compañía: un gato o una mujer? ¡Por supuesto que el gato!. Aunque éste también discute y refunfuña, no lo hace todo el día por los pasillos como acostumbra Anier». Al ver la cara de atención de los presentes continuó con otros comentarios: Habló mal del trabajo de Anier, repitió algo de los rumores que escuchó en las mañanas, a pesar de no haberlos comprendido.

Se divierten con esas ocurrencias. Algunos piden detalles sobre lo que dice. En tono gracioso Saturnino Segundo exagera algunas conductas de Anier e inventa otras, que no tienen importancia según él, pero que avivan la imaginación de los presentes y propician otros comentarios más subidos de tono. «¿Cómo pueden hablar así de Anier? Es demasiado». Piensa Saturnino Segundo. Desea desmentir lo dicho, pero no es capaz de hacerlo.

Un movimiento de la mano de Víctor devolvió la calma. Las burlas cesaron de inmediato, el silencio los devolvió al universo creado desde la rectangular pantalla, menos a Molina que se quedó sorprendido por la inmediata obediencia. Sabía por experiencia que al bromear eran poseídos por el Dios Momo y no era fácil callarlos. Con la mirada atenta se pregunta de dónde viene el poder que tiene Víctor sobre ellos.

En medio del silencio le envían un mensaje privado: El enlace donde puede ver la supuesta «reunión» de la que hablan los rumores sobre «su Anier», como se refería a ella en sus pensamientos desde hace unas semanas atrás. No la puede imaginar en «ese tipo de videos, es demasiado» No hizo ningún comentario, ni echó un vistazo al mensaje. Aunque quería salir de dudas no fue capaz de abrirlo.

Clip del video escandaloso de naturaleza sexual que que envía un compañero apodado IWPN2 por chat privado con el mensaje: Mira esto

Después de dos días de larga e incómoda visita, de haber devorado la serie completa, se empiezan a retirar como habían llegado, por goteo. Saturnino Segundo baja con Daniel y Víctor y los acompaña hasta su coche. Desde la ventana sin barrotes, de ese décimo piso Bram los observa hablar sobre el alquiler: Aarnino pregunta, insiste. Víctor y Daniel hacen gestos despreocupados.

—Una cosa a la vez Molina —Bram reconoce la voz que grita alegre, es Daniel.

Escucha la voz cansada de Arnino que asegura que los servicios están sin deuda.

—No sigas con eso hombre! Tranquilo que vamos bien! —Víctor se impacienta y desde la ventanilla del coche grita eufórico — Tú sigue así… te mereces lo bueno de la vida! Disfruta!

Arrnino hace gestos de agradecimiento y despedidas con las manos al coche que se retira con música y un par de hombres cansados, pero muy exitados.

Bram juzga en silencio.

El anaranjado atardecer del domingo alumbró el vertedero en que se ha convertido el lugar. Apenas cerró la puerta detrás del último invitado, Saturnino Segundo comenzó arreglar el desastre. Recogió en grandes bolsas: latas, restos de comida, de snack, ceniceros improvisados y repletos, botellas vacías, colillas en sus plantas…

Desastre luego de la reunión en el piso de Daniel en desorden, con colillas y basura
Arreglar el desastre

Limpió con esmero: Seleccionó diferentes envases para el agua, en cada uno puso sal marina y vinagre. Fraccionó el piso por zonas, utilizó diferentes trapos para limpiar de derecha a izquierda, empezó por lo más lejano de la puerta de salida.

Luego bajó a tirar el agua, el envase y los trapos lejos del bloque, de espaldas al contenedor, como al descuido. Así lo hizo cada vez que terminó de limpiar una zona. Bajó al contenedor lejos del edificio y vuelta a limpiar otra zona, hasta que por fin, terminó de limpiar todo el piso. Luego, otra vez, barrió desde atrás hacia la puerta de la calle; recopiló de nuevo esa basura (cepillo incluido) para bajar de nuevo al contenedor y volver hacer su ritual.

Fue una limpieza mayor a la que acostumbra hacer. Finalizó casi al amanecer, encendió un incienso y repitió en voz alta las cosas buenas que desea e intercala la frase Hocus-Pocus para ayudar a que ocurran pronto.

Luego se sentó en el sofá junto a un Bram desesperado por comunicar sus impresiones, que busca frotar su cabeza con fuerza sobre el brazo de Aarrnino. Entre sus caricias y sonidos, Saturnino Segundo le confiesa que se siente mal por haber hablado sobre el trabajo de «su Anier». Bram realiza un gesto que lo hace reflexionar, «Anier» repite Saturnino Segundo, se da cuenta que ya habla como ellos. Continúa con su monólogo y le confiesa que no pretendía dañarla…; que lo hizo para quedar bien y sentirse parte del grupo…; que así hablan los humanos al sentirse en confianza…; que esos comentarios no dejan de ser una broma…

Bram lo miró fijo. Reprobó su conducta, pero Aarrnino prefirió simular no comprender su mensaje. La preocupación pudo más que el cansancio, así que apeló a las barajas:

¿Qué hacer: Se involucra, lo deja pasar…?

Piso de Daniel. Consulta la barajas españolas. Dos de oro (mal presagio)
Apelar a las barajas españolas

9



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