2b. Se abre la nueva cara. El expulsado

Hocus-Pocus

Terminaron en un hostal de mala muerte, el único que les permitió la entrada con la condición de no hacer escándalo.

Ventana cerrada de la habitación del hostal vista desde afuera.
Ofensas de la Fortuna. Habitación del hostal

Lo primero que hizo Saturnino Segundo fue encender el televisor. Le pidió a Bram que se sentara en la cama mientras él arregla las cosas. Éste se acomodó como si le prestara atención a la TV, pero en realidad está atento a los movimientos de su amigo.

Saturnino Segundo comenzó a limpiar con agua de menta, no podía permitir que los perturbara la atmósfera que allí se respiraba y necesitó transformar esa mala racha en algo bueno. Después se dispuso a colocar en la única ventana algunas de las pequeñas macetas con las plantas que los acompañan en todas sus aventuras.

Una vez abierta la ventana entró una brisa suave y una abeja que parece aturdida. Saturnino Segundo pensó distraído: «Las abejas están por todas partes»

La ruda macho la ubicó a la izquierda de la puerta y la hembra a la derecha para filtrar las energías negativas del exterior. Fue complicado colocar el aloe vera en medio de ellas, así que decidió colgarla del dintel de la puerta como si fuera un adorno.

Las otras mini macetas las organizó por los rincones y el baño: «Por lo menos está dentro y no hay que compartirlo, puedo colgar las ramas de eucalipto para que el vapor active sus aceites y nos ayuden con el estrés y otros males» dijo en voz alta Saturnino Segundo para celebrar su suerte. Se dirigió a Bram para decirle:

—Quédate aquí un momento, no tardo —Bram levantó su mirada sin moverse de la cama.

La planta de ruda macho a la izquierda de la puerta y la hembra a la derecha. El aloe vera en medio de ellas cuelga del dintel de la puerta. Habitación del hostal. Basura apilada en la puerta.

Saturnino Segundo bajó con la bolsa que contiene el envase que usó para mezclar el agua con la menta, el trapo con el que limpió y alguna que otra basura que encontró oculta debajo de la cama. Caminó lejos del hostal para tirarlos junto con las energías negativas que absorbieron esos objetos. Lo hizo de espalda al contenedor, como al descuido, para que esas energías negativas no se devolvieran en su contra.

La cena a medio camino en casa de sus padres, la discusión y el ajetreo de la mudanza les alborotó el apetito. Antes de bajar le dejó a Bram la comida servida. Saturnino Segundo está seguro de que a su regreso ya la habrá terminado. Compró algo para comer él y un poco más por si a Bram le apeteciera picar.

Al llegar comprobó que Bram, en efecto, había cenado. Ahora está tumbado en la cama, frente al televisor, con los ojos casi cerrados.

Saturnino Segundo continuó con la limpieza: Encendió un incienso de flores a la vez que, en voz baja, expresa el deseo de ser reconocido por sus progenitores como alguien inteligente. Imagina escenas en donde comprenden de una vez por todas que «los cursos son parte del trabajo y sí, ¡son importantes!» Entre deseos de prosperidad, reconocimiento e independencia repite su frase favorita Hocus-Pocus.

No puede evitar explicarle a Bram: «Ésta proviene de la época en que las misas católicas se celebraban en latín y durante la comunión decían: Hoc est corpus meum. Entonces los paganos, que no entendían el latín ni la religión, la simplificaron en Hocus-Pocus y la asociaron con la magia».

Bram lo mira con esa cara de interrogación que pone cada vez que Saturnino Segundo realiza las «limpiezas de energía» y le explica el porqué de la frase mal dicha.

—Porque conozco esta historia es que la uso entre un deseo y otro con devoción, para ayudar a que ocurran pronto. —Le dice a Bram a manera de excusa.

Él aparenta indiferencia hacia las palabras y rituales. Disimula, como es su costumbre, que el olor de flores del incienso le encanta.

Cosas de Saturnino Segundo y plantas apiladas. Habitación del hostal

Saturnino Segundo terminó de organizar las cosas de Bram, las suyas quedaron apiladas en un rincón. Antes de tumbarse en la cama no olvidó escribir sobre una ramita de salvia los deseos compartidos. Una vez cómodo en su nuevo lecho acarició a Bram.

«Lo que tienes que callar no son las palabras de tus padres, sino tus voces internas» fue lo que interpretó Saturnino Segundo de los sensuales movimientos con que Bram acostumbra insinuarle cosas antes de quedarse dormido. Al ver lo plácido de su descanso pensó «seguro que sueña con un futuro prometedor». Colocó la ramita bajo la almohada de Bram. «Con esto se cumplirán nuestros deseos» sentenció.

Comenzó a comer en silencio, mientras observa a través de la ventana. Se distrajo con un árbol muy alto. Una hoja se mueve con el viento para alterar los colores de la noche a su vaivén, como si cambiara el paisaje a su paso. «Una metáfora» Pensó.

«Quizás tendré que buscar un lugar definitivo…» dijo sin mucha convicción. Alterna su mirada entre la hoja del árbol y la abeja que parece atenta a sus movimientos.

Luego de un rato se obsesionó con un hombre de pie en una esquina que apenas gira con sutileza la cabeza: Hacia un lado, luego el otro, como expectante. «¿Qué hace? ese también estará en lo menos productivo de su profesión» pensó Saturnino Segundo. A los pocos minutos temió ser visto asomado en la ventana, por lo que decide alejarse y centrarse en su interrumpida cena. Supuso que la noche había atrapado a los Molina para dejarlos presos en sus inquietudes. Solo Bram pareció inmune, «pero él no es un verdadero Molina» recordó Saturnino Segundo.

La angustia lo llevó a recurrir a su fuente más fiable de intuición: La lectura de las barajas españolas.

Sobre la mesa comida rápida, refresco y libros , entre ellos Malas decisiones. Extendidas las barajas españolas,
Lectura barajas

«… ¿Vamos a estar en esta habitación mucho tiempo…? ¿Nos mudamos a algo mejor…? ¿En qué momento podré comprar un piso…?» «Y en el amor: ¿Mi madre tendrá razón? ¿o ya podré estabilizarme?»

Las preguntas se multiplican para buscar respuestas a medida que extiende las barajas sobre el improvisado escritorio-mesa-comedor del tablón que está debajo de la ventana.

«… Caballos enfrentados… ¿conversaciones… ? Un hombre ¿…de poder? …una mujer. El As… ¿suerte invertida? …»

Preguntas y más preguntas …

La fatiga lo doblegó al asomarse el sol puro, sutil. La mañana que inundó de amarillo la habitación, obligó al insomne Saturnino Segundo apresurarse.

Las barajas españolas extendidas señalan caballos enfrentados, el rey de oro y sota de copas. Detalle de la ventana de la habitación del hostal vista desde adentro.

Su amigo lleva varias horas levantado. Lo espera para el desayuno, pero Saturnino Segundo no tiene tiempo, así que Bram desayunó solo. No pudieron compartir esas primeras horas en su nueva morada.

Saturnino Segundo salió de prisa, llevó consigo la bolsa con los restos de comida y los residuos que Bram había dejado la noche anterior.

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